lunes, 29 de diciembre de 2008

Miércoles 24 de diciembre de 2008

¿Cuál es el objetivo de celebrar la navidad?
Dra. Elizabeth Georgina García Vargas
Independientemente de que por un error (en que los líderes romanos decidieron reconciliar, desde los años 325 y 350 después de Cristo a la perseguida Iglesia de Cristo con los ritos paganos, y festejar el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo precisamente en la fecha en que celebraban el solsticio de invierno como el nacimiento del dios del sol), el nacimiento de Cristo tiene el significado de la reconciliación de Dios con la humanidad.
“Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación” 2 Corintios 5:18.
Si usted, mi querido lector no ha tenido la oportunidad de leer la Biblia de principio a fin, se ha perdido de una de las experiencias más valiosas para conocer el corazón de nuestro Creador. ¿Por qué reconciliarnos? ¿Es que acaso estábamos peleados con Él? Bueno, el hecho es que, desde que el pecado (acciones en contra de la voluntad de Dios que nos conducen a la separación o muerte espiritual),entró al mundo a través de Adán y Eva, el mismo Dios ha tenido misericordia del hombre una y otra vez por el infinito amor que nos ha tenido, y aunque nos ame como no somos capaces de comprender, por esa misma razón, es necesario que nos someta a corrección cuantas veces lo necesitemos dependiendo de nuestra rebeldía o resistencia a aceptar su voluntad.
Usted puede cuestionar al respecto pero en este artículo no es el objetivo hacer un análisis al respecto, pero si, el hacer evidente que como seres humanos tendemos a culpar a Dios, a negarlo o a blasfemar contra Él, cuando las cosas nos son contrarias. Un ejemplo es cuando constantemente recurrimos a “mentiritas blancas” para evitar problemas.
Cuando la verdad sale a la luz y tenemos que hacerle frente a las consecuencias de nuestros actos, nos justificamos, lo negamos, le echamos la culpa a los demás, pero aun así, tenemos que afrontarlo y eso no nos gusta, nos molesta e incomoda en el mejor de los casos, pero cuando esto trasciende, p.Ej, si cometí un fraude y además de perder el trabajo tengo que hacer frente a la justicia e ir a la cárcel, ya me “empiezo” a sentir abandonado por Dios, y como que Dios no es justo con migo, Él me abandonó.
A todos nos parece lógico si lo vemos desde afuera, es mas, he escuchado decir a mucha gente que no se puede comparar el pecado de decir una mentira piadosa a cometer una crimen o secuestro, pero para nuestro Creador las cosas no, simplemente es o no es pecado, no tiene tamaño ni peso. Es por esto que la humanidad llegó a cometer tal cantidad de pecados, que la maldad sobreabundó, y fue entonces cuando sobre abundó la gracia.
Desde el libro de Génesis hasta Apocalipsis, nuestro Padre celestial no sólo nos muestra normas, leyes y preceptos, sino que hace patente su infinito amor. Fue por eso que decidió anular el antiguo pacto “de la ley”, para dar paso al nuevo, “de la gracia, y, a través de Jesucristo, reconciliarse con nosotros, dándonos una nueva oportunidad para permitirle entrar en nuestros corazones, ya que el verdadero nacimiento de Cristo es el que sucede en nuestras vidas cuando tomamos la decisión de hacerle una morada en nuestro corazón, ya que para que exista esa reconciliación es necesario que ambas partes estén dispuestas.
Él nos da su amor, fortaleza, provisión, bendiciones, prosperidad, etc., de nosotros sólo pide un corazón limpio y honesto para amarle y hacer de Él nuestro único Dios. Tal vez podríamos decir que eso ni se cuestiona, pero el hecho es que en la vida cotidiana adoramos la televisión y no tragamos al vecino, maldecimos al imprudente del carro que se me atravesó, no tolero a la suegra, pero ¿a quien le hace daño una canita al aire? pero por lo demás, yo soy una persona honorable, moral y voy a la iglesia cada que no juega el Pachuca o México o el América, ni cuando estoy suficientemente crudo para no poder mantenerme sin vomitar o quedarme dormido en el servicio religioso.
Nunca le he pegado a mi esposa aunque haya estado a punto de hacerlo en varias ocasiones, trabajo de sol a sol, les doy lo mejor a mis hijos, esperando no me molesten con sus tonterías, pero por lo demás, puedo decir que si, creo en Dios. ¡Jamás me verán pasar enfrente de una iglesia y no persignarme! Hasta le doy limosnas a los pobres! ¿Qué más se le puede pedir de un hombre tan ocupado y con tantas responsabilidades como yo?....
Simplemente cumplir con los dos mandamientos de Dios: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, toda tu mente y todas tus fuerzas y el segundo: amarás a tu prójimo como a ti mismo, lo cual no implica forzosamente ir a misa o hacer obras de caridad. Lo que realmente le interesa a nuestro Señor, es la limpieza de nuestro corazón (porque Él sabe mejor que nosotros cuáles son las verdaderas intenciones de nuestro corazón).
Cuando tenemos problemas con los demás, es imposible que mantengamos esa transparencia, estamos empañados con el resentimiento, la amargura y con la falta de perdón. ¡Es que hay cosas que no se pueden perdonar!: no, Cristo no sólo nos perdonó en la cruz, sino que intercedió por los que lo crucificaron. ¡Ah, pero Él porque es Dios!.
El libro de Génesis dice que Dios nos hizo a su imagen y semejanza, nos habilitó con su capacidad para amar y con su capacidad para perdonar. ¿El problema? Que nos amamos más a nosotros mismos que a Dios y a nuestros deudores. La solución: Rendirle a Él nuestra vida y hacerle su Señor. ¿Nacerá por fin esta navidad en ti?, sólo tienes que pedírselo y buscarlo con todo tu corazón.
Recuerda que puedes enviar tus comentarios al correo doctora_elizabeth@yahoo.com.mx. Seguimos en contacto.
(Publicado el miércoles 24 de diciembre de 2008, en el diario matutino PLAZA JUÁREZ, Pachuca, Hgo.)

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